Una realidad de la que muy poco se habla, es que allá afuera existen un sin número de empresas del sector odontológico tratando de generar más ventas y tu eres la clave para aumentar sus ingresos.

Las más éticamente responsables, además de la publicidad tradicional, buscan hacer alianzas con odontólogos para que sean su embajador o representante de marca.

Reclutar a profesionales carismáticos, para convertirlos en Speakers e “indirectamente” vender sus productos.

¿Te suenan las empresas de implantes dentales y ese colega que de la nada se convierte en un líder de opinión?

Vamos, es cierto, esta estrategia funciona, aunque para ser sinceros me gustaría ver mayor transparencia a la hora de que estos conferencistas utilicen su conocimiento y experiencia para sutilmente venderte algún producto.

¿Te imaginas? Su traje o uniforme cubierto con logotipos de las marcas que le patrocinan, financian sus viajes, conferencias y sesiones fotográficas.

Tal cual un vehículo de fórmula 1. Sería graciosamente honesto.

Porque a fin de cuentas, este excelente colega es un empleado de esa marca y tu como posible comprador tienes el derecho de saber que te están vendiendo algo en una conferencia o que su opinión está alineada con los intereses comerciales de una marca.

¿Pero qué pasa cuando una marca te utiliza sin que te des cuenta para incrementar sus ganancias?

Esta estrategia es un mucho más sutil pero terriblemente desleal.

Primero crean una matriz de opinión, donde su producto o servicio es lo último en tecnología dental y representa el futuro de la odontología.

Su lenguaje e imágenes están cuidadosamente seleccionados para encantar a los odontólogos, prometiendo que su producto les dará estatus profesional, prestigio, lo hará ser parte de una élite y que además los pacientes masivamente pedirán cita en su consultorio.

Porque según ellos, un solo “protocolo” es suficiente para que todos los aspectos operativos y administrativos en tu consultorio mejoren como por arte de magia y transitar así el camino del éxito.

Invierten en publicidad, organización contando con su séquito de empleados directos e indirectos, motivados y adoctrinados para convencerte de que si te metes en esto tu consulta llegará a otro nivel.

Luego sirven la mesa, el curso donde te certificarán como embajador, representante o entrenador de esa marca que hasta a veces la llaman filosofía.

Y aquí viene lo interesante.

Tu como odontólogo pagas altas sumas de dinero por esto, les pagas para convertirte sin saberlo en vendedor no remunerado de las “bondades” de esa marca, producto o servicio.

Al salir del curso, el odontólogo se siente orgulloso de ser parte de la “élite” de esa marca, evangelizando a otros colegas para ganar más adeptos, repitiéndose el ciclo, contribuyendo con la expansión de la marca.

Ni a Herbalife, se les habría ocurrido algo tan sofisticado, o bueno, en realidad si se les ocurrió algo parecido.

Ahora la gran pregunta ¿Qué sucede en la vida real? Fuera del círculo de dentistas.

¿Acaso el paciente conoce a esa marca? ¿Le importa realmente si la usas o no? ¿Entra al consultorio ve el diploma del curso y dice Dr! que emoción usted es entrenador certificado XYZ?

No.

La mayoría de las personas no tienen ni idea de que eso existe, a menos que venga un odontólogo a mostrárselo.

¿No me crees? Sal a la calle y haz una pequeña encuesta.

Es tu decisión ¿te gusta la idea de ser trabajar para otra marca sin que te paguen?

¿Qué tal si sigues utilizando los beneficios de sus productos sin mencionar su nombre? Sin tatuarte con tinta invisible su logo en la frente.

El prestigio instantáneo no existe, son los pacientes los que deciden si la experiencia en tu consultorio es de calidad o no.

No hay producto, protocolo o certificación que te libere del criterio que el paciente elabora de ti, según la experiencia global que vive en tu consultorio.

¿Qué pasaría si así como ellos trabajan para posicionar su marca tu también lo haces?

Te lo aseguro, en ti se esconde una marca excepcional y debes trabajar en su diseño.

Que no te sorprenda cuando alguna de estas empresas se conviertan en tu propia competencia inaugurando una clínica dental justo al frente de tu calle.

¿Lo irónico? Si esto llega a suceder parte de su capital inicial de inversión, salió del dinero que tu mismo le diste al asistir a sus certificaciones.

Además que su “fácilmente ganada” reputación se forjó como resultado de la publicidad que tu mismo le hiciste.

“De gratis”.

¿Tu marca o la de ellos? es tu decisión.